martes, 16 de diciembre de 2008

Ilustraciones sitio Turistica OnLine

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Seccion "El cuestionario de Atila"




martes, 2 de septiembre de 2008

Diario Crítica


MISTERIOSO ASESINATO
El lápiz de nuestro dibujante Heredia reprodujo la formaen que fué encontradoasesinado el ocupante de la casa de la calle Saavedra Nº 1227 . Julio Oscar Villanueva, hecho que aparece rodeado del mas cerrado misterio. Se comprobó que la víctima murió por estrangulación y la policía cree que está en presencia de un asesinato en que estarían implicados elementos amorales, si bien se admite que también pudo haber robo. Se trabaja intensamente para aclarar este nuevo crimen.


MATO A SU ESPOSA
Cegado por los celos, el árabe Atta Abdalla Sussin mató a su esposa a balazos. Luego se dirigió al domicilio de su cuñada, a quien consideraba responsable de la conducta de su mujer, con intención de vengarse, pero allí lo detuvieron.

viernes, 1 de agosto de 2008

Una memoria prodigiosa

Paulino, “el hombre de la memoria prodigiosa”, como lo conoce el mundo del espectáculo, se encuentra en un atascadero del que no puede salir con su don extraordinario.

Es capaz de traer a voluntad hasta su mente todos los momentos de su existencia desde que era niño, con sólo proponérselo , pero hay un detalle, nimio quizás, que ahora no recuerda y eso lo mortifica y entristece en gran manera.

Es una hermosa tarde otoñal en la campiña gallega, a la que ha retornado luego de casi un cuarto de siglo de ausencia.

Cuando era un muchacho, imaginativo y audaz, trepó a un carromato de feria que pasaba por su pueblo y se fue a la aventura de la vida. Era el menor de seis hermanos en un hogar de campesinos rudos que habían hecho de las arduas tareas de sacarle el pan cotidiano a la tierra su principal motivo de existencia que él, espíritu inquieto, no podía aceptar como camino a seguir. Sufría mucho pues esa forma de ver las cosas le traía innumerables situaciones de violencia con sus padres y hermanos.

En esos momentos en que estaba acorralado por los retos, las duras órdenes y hasta las palizas, solía recurrir al único amigo con el que podía contar: un pequeño borrico que había bautizado “Estropajo”, por su pelo hirsuto y gris. El animal parecía intuir cuando el niño se acercaba a él, lloroso y moqueando; agachaba la cabezota y permitía que permaneciera abrazado a su pescuezo mientras que por el rústico pelambre se escurrían las lágrimas.

En otros momentos menos tristes, solían jugar; habían inventado algo muy gracioso: Paulino se hacía el distraído y le daba las espaldas a “Estropajo”, éste, arrimándose despacio por detrás, le daba un suave topetazo en el trasero, de manera que le hacía perder el equilibrio, caer hacia atrás , y quedar a horcajadas del fuerte cuello de la bestia. Tratar de mantenerse en equilibrio en esa posición divertía tanto al niño como al borrico.

En un día de castigos se comentó que en el pueblo cercano actuaba un grupo de trashumantes con atracciones de feria. Hacia allí fue Paulino y quedó fascinado con ese mundo de fantasía y color. Por eso, cuando la caravana se marchó él se coló de polizón en uno de los carromatos. Había dejado una breve nota debajo de su almohada: “Me voy en busca de una vida mejor. Les pido perdón. Cuiden a “Estropajo”, Paulino”.

El hallazgo del mensaje causó gran revuelo e indignación pues todos consideraban esa actitud como la de un rebelde descastado. El padre cerró los comentarios con una dura sentencia:

-¡Bah, bah, bah!¡ En dos días estará de vuelta ese canalla, no pienso mover un dedo para ir a buscarlo!-exclamó con el cuello hinchado-. Todo el grupo familiar, de acuerdo o nó, acató la decisión del jefe, pero pasaron dos días y muchos más y Paulino –también de fuerte carácter- no volvió.

Entretanto, los juglares habían descubierto la presencia del muchacho y tal vez por creer en sus ruegos o pensar que en poco tiempo aparecerían los padres para llevarlo de vuelta, le permitieron seguir con ellos.

-Está bien –dijo el gitano Miguel-, te pués queár , ¡pero tiés que aprender arguna suerte para ganarte er parné, joío niño! ¡ Por ahora tendrás la tarea de mandadero!

Pronto descubrieron que cuando hacían los pedidos de todas las vituallas y cosas que necesitaban, Paulino las retenía en su memoria sin hacer una lista y, a veces, eran numerosas y muy dispares. Esto llamó la atención de Miguel, que vio en el niño un don para sacarle provecho. Así, le fue enseñando un sistema de memorismo que, según él, había heredado de sus antiguos antepasados egipcianos.

El resultado fue extraordinario. El niño era presentado como un prodigio en los pueblos por donde pasaban, junto con enanos y gibosos. El público le proponía variadísimas pruebas con números, fechas, figuras y colores y él nunca equivocaba las respuestas. Esto, que al principio pareció una magnífica treta le resultaba a Paulino tan natural que fue trascendiendo el ambiente juglaresco.Sus números eran cada vez más complicados y lo reclamaban de las grandes ciudades, de los teatros, casinos, parques de diversiones; hasta llegaron a estudiarlo profesores y neurólogos, sin poder explicar cómo funcionaba su cerebro, pues jamás fallaba ante una prueba mnemotécnica.

De tanto en tanto Paulino se comunicaba con su familia. Casi con un cargo en su conciencia supo que sus padres habían muerto y decidió tomarse un descanso en las giras interminables para volver a ver a sus hermanos. Sabía que “Estropajo” había formado una manada y que, como le decían en broma en una carta, él también lo estaba esperando.

El cambio que han traído los tiempos es grande. Ahora hay un ferrocarril que lo ha llevado hasta una pequeña estación no muy lejos de la casa familiar. Ha preferido hacer el camino a pié para proyectar en su memoria todos los recuerdos infantiles; de pronto, en un recodo, se encuentra frente a frente con una recua de asnos y ahí es cuando entra en su atolladero mental.

-“Esta debe ser la manada que formó “Estropajo” –piensa-, sin embargo, ¡no puedo distinguirlo entre ellos, son todos iguales que él! … Conservo con nitidez los momentos que viví con ese borrico, paño de mis lágrimas desesperadas, pero no lo puedo identificar entre éstos…¿De qué me sirve ese don súper humano, casi de genio, que me sacó de los grilletes con que la tierra aferró a mi familia y me ha proporcionado una vida holgada; que me ha señalado como único entre millones, y a veces me ha hecho creer un ser superior; si no puedo identificar a mi más querido amigo de la infancia? “.

Sus ojos se espejan a la luz del atardecer.

-“Para qué me sirve una memoria prodigiosa, si soy incapaz de reconocer a la pequeña bestia que me hizo tan feliz en mi niñez?”…

Mientras está meditando sobre esa melancólica ocurrencia, Paulino siente un suave topetazo en el trasero.

martes, 22 de julio de 2008

Centro Cultural Sempere

El autor entre las obras "Rayas negras sobre fondo blanco" y
"Rayas blancas sobre fondo negro".


Con la escultora Isabel López y la instalación "Grandes aspiraciones".

Comentan la muestra, que tuvo numerosos asistentes como se aprecia en
las fotos inferiores,de izq. a der. Diyi Lañ, Oscar Rivera,
director del museo y curador de la exposición, y Gyula Kósice.




Algunas obras expuestas

"Autorretrato con fallas en el vertical"

Siguiendo a Duchamp:
" Dispositivo para ver estrellas en noches de cielo nublado"


"La vida color de rosa"

"Cascos argentinos hallados en Croacia"

Siguiendo a Leonardo:
"La última picada"

Feria Internacional del Libro 1993

Retratos Periodísticos





lunes, 21 de julio de 2008

32da Feria Internacional del Libro

Presentacion del libro El Guante de Hierro y la Mariposa,
dia 8 de Mayo de 2006


El autor y su obra


Silvia Quel, de la editorial "La Crujía"; Rosa Faccaro, crítica de arte;
J.M.Heredia, y el poeta Julio Royano, presentaron el libro.


Vista general. En el medio, de espaldas, Gyula Kósice y
Diyi Lañ. Abajo, el autor.




Hubo tangos con la destacada bandoneonista Carla Algeri.







Entre el público se hallaban numerosas personalidades que se acercaron
a saludar al autor de la fábula agónica "El Guante de Hierro y la Mariposa"

lunes, 30 de junio de 2008

Ortodoncia, endodoncia y onomancia

Nada consuela al señor Brizuela de sus fracasos en los negocios. Es una larga secuela, comenzó vendiendo espuelas en Cañuelas, luego perdió un monte de ciruelas y tuvo que cerrar un almacén de suelas. Después se asoció con Ardiles para fabricar barriles. Brizuela proveería las duelas.

Alguien le comentó a su tía Manuela –mujer algo gorda y muy sorda que lo financiaba- que su sobrino andaba en negocios con barricas, parece que la señora esta palabra oyó mal y le retiró el capital.

Cuando se enteró, Brizuela, contrariado, pateó una duela, que le dio en las muelas; fue a ver a Tachuela, un amigo dentista, que también era ocultista, quien le dijo que lo suyo no ere cuestión de ortodoncia ni de endodoncia, sino de onomancia, que es la que estudia el destino de las personas según sus nombres.

-Su nombre es Brizuela, ¿ no? –dijo el odontólogo astrólogo- Sin duda –continuó el vidente- es evidente que ese apelativo ejerce una influencia negativa en su vida: fracasó con las espuelas, las ciruelas, las suelas, las duelas y ahora le tengo que sacar las muelas. Mejer dedíquese a otra cosa que no tenga afinidad con su nombre. Brizuela siguió el consejo de Tachuela y como tenía contactos con curtiembres y madereras por las suelas y las duelas, se dedicó a fabricar sillas. Las hizo de cabritilla con almohadillas; de esterilla con varillas todas de mucha calidad, nada de pacotilla, ¡un negocio de maravilla!. Pero, parece que alguno de la cuadrilla dejó caer una colilla, y una mañana al llegar a la fábrica descubrió que un incendio la hacía papilla.

Alcanzó a rescatar una silla y una mesa , pero, al emprendedor Brizuela tuvieron que sacarlo en parihuelas. Quedó con lo puesto y en zapatillas. Sentado en su única silla, estaba acodado en la mesa mesándose los cabellos, arruinado, meditando sobre la onomancía y su mala suerte con las sillas cuando, de pronto, recordó que su apellido materno era Mansilla. Las palabras del odontólogo confirmaban el destino destructivo que se originaba en sus nombres.

Desesperado, sin darse por derrotado, se instaló a la intemperie en una esquina a vender ballenitas. Un fuerte viento y el chaparrón que seguía le produjeron una pulmonía. A los pies de la cama del hospital, una planilla lo identifica con su nombre: Jonás Brizuela Mansilla.

La vuelta al mundo en 80 palabras

Oriente, ardiente; Occidente, candente; diplomacia, falacia; política, raquítica; sobornos, bochornos.

Prudencia, ausencia; intolerancia, abundancia; paciencia, carencia.

Combustibles, insufribles; alimentos, lamentos; armamentos, tormentos; negociantes, bastantes; especulación, profesión.

Inflación, desilusión; impuestos, denuestos; ilusiones, traiciones; paz, incapaz; guerra, aterra; futuro, oscuro: consecuencia, violencia.

Contaminación, expansión; accidentes, ¡presentes!; delincuencia, urgencia; honradez, escasez.

Cinematografía, vacía; televisión, condenación; literatura, impura; pintura, insegura; poesía, había; arte, aparte; artista, arribista; promoción, obsesión; dinero, primero.

Altanería, mayoría; amistad, frialdad; arrogancia, exuberancia; humanismo, ausentismo; amor, dolor; vivir, fingir.

Lontananza, esperanza.

sábado, 10 de mayo de 2008

Galimatías en Galicia

Chamorro, un curro chaparro, que vende cacharros con su carro, cuida de que el becerro no se vaya al berro y juega con su cachorro de perro, arrojándole una porra. Para huir de un chaparrón corre bajo una parra. Bebe un trago del porrón y quiere prender un porro, pero una brisa con mucha prisa , le cancela la candela, le allana la llama, le cepilla la cerilla, le apaga el fósforo, bah.

Para conservar la lumbre, el hombre, que ya siente hambre, vuelve el hombro y la enfrenta al revés, con su envés. El viento, que es arrachado, lo sorprende agachado y queda en el suelo echado y machucado. El can le alcanza una rama y el porrón derrama.

En medio del engorro, Chamorro se embarra; su gorro agarra bajo la parra y con uvas se atiborra.

Sale camino hacia el hórreo donde guarda sus ahorros para sembrar calahorras. Unos amigos del corro le dan socorro.

Y, al final, va riendo por la ría, con el cachorro de perro, el becerro y el gorro, a bordo de un chinchorro.

viernes, 11 de enero de 2008

¿Y, te hiciste curar...?

Semanas atrás tuve un despertar muy parecido al de Gregorio Samsa, pero sin patas. Sentí un fuerte ardor y dolor en el costado izquierdo del torso y al quitarme el pijama para ver de que se trataba, quedé muy impresionado: una franja roja de una cuarta de ancho, con infinitas vesículas, abarcaba la mitad del tórax en un recorrido desde debajo de la escápula hasta el ombligo, entre la cintura y la axila, como si fueraun estigma causado por la camiseta de River con la banda debajo del hombro. Mi espíritu inclinado hacia el humor no me falló esta vez, pues pensé: "Bueno, al menos puedo anotarme en el casting para la telenovela de terror "La horrorosa cosa de la zona pantanosa".

La verdad es que en ese mismo instante supe que estaba siendo atacado por el herpes zoster, un virus que actúa en el sistema nervioso periférico y que alguna vez en mi juventud ya había padecido.

Aceptada -a regañadientes- la sufriente realidad decidí ver al médico pues el ardor y la picazón de la zona eran insoportables.

-Mire cómo he amanecido, doctor -le dije al médico de guardia mientras me alzaba la camisa.
-¡A la flauta! ¡Es el herpes zona, esto es muy grave!
-Gracias por alentarme, doctor- repuse tímidamente.
-¡Arde y pica mucho y es muy doloroso! - continuó con el aliento el galeno.
-¡Y que lo diga usted!- dije entre el asombro y la tentación de reír por la situación.
-Venga, en el segundo piso está atendiendo una dermatóloga, vamos a ver si lo puede revisar -ya había hecho su pase lateral.

La dermatóloga confirmó mi autodiagnóstico de Gregorio Samsa mañanero.

-Sí, es un herpes zoster. Es un virus que posiblemente ya estaba en su organismo y actuó ante una baja de las defensas. Como sucede con los virus no existe una cura inmediata. Puedo reforzar los nervios con vitamina B y darle alguna pomada para suavizar la piel, por lo demás hay que esperar el ciclo evolutivo que puede ser de semanas o meses, ya que en las personas mayores, como usted, suele atacar con más fuerza; ah, y no se moje la zona.

Me pareció que había, enfatizado eso de "mayores", y mientras me disponía a duras penas a enfrentar mi destino, la oí decir con sorna:

-…Si conoce alguna señora que lo cure con tinta china. Me sorprendió. Yo soy racionalista por naturaleza y descreo de las "curas" populares de las Madres Marías o los Panchos, Sierra, y ni hablar del Gauchito Gil o Ya difunta Correa, a las que ubico en un estadio primitivo al nivel de conocimientos que hemos alcanzado en el presente, y como un fenómeno de sugestión que se apropia de mentes crédulas de la magia ancestral, con algún grado de nesciencia.

-No conozco a ninguna, doctora -respondí- pero tampoco la buscaré. No creo en eso.
-Yo tampoco -me contestó.
-¡Bueno seria que usted creyera, doctora! -le dije bromeando. Tomé sus recetas y quedé en volver la semana siguiente.

Y aquí estaba yo, abandonado en el arroyo, con sufrimiento asegurado por un tiempo demasiado largo para mi gusto. Al volver a casa y como con un impulso masoquista, consulté un texto de semiología y clínica médica que se utiliza en la carrera universitaria que con explicación más técnica me confirmaba que se trataba de una radiculalgia asociada con una erupción eritematovesicular, denominada vulgarmente culebrilla, producida por un virus filtrable análogo al de la varicela; que no existe un tratamiento específico, sino sólo sintomático, y que el pronóstico es bueno evolucionando hacia la curación, aunque los dolores pueden persistir por un tiempo prolongado.

Paciencia y pan criollo, me dije dispuesto -o mejor dicho muy poco dispuesto- a soportar la culebrilla famosa, pero, a pesar de la aparente resignación, la rebelión al destino cruel era un hecho que crecía en mi interior y me llevó a comentar mi estado de salud con cualquier conocido o pariente que se cruzara en mi camino

Y ahí comenzó a formarse el embrión de estas líneas.

La primera fue una prima (alguna lógica debía haber, después de todo), enfermera de profesión, la que me arrojó la pregunta como una provocación o un casi reproche:

-¿Y, te hiciste curar? ...

Yo le expliqué que había ido al médico y que la enfermedad debía continuar su curso. La respuesta fue insistente, casi airada:

-!No, no! ¡Yo digo si te hiciste curar con tinta china, mi hermana sabe hacerlo!

Traté de ser gentil y paciente -maneras a las que debí recurrir muchas otras veces-, y le expliqué que yo no creía en esa leyenda popular pero no hubo caso; insistió en que lo que curaba no era sólo la tinta (después me enteré que a esa curación hay que asistir varias veces y se acompaña con oraciones y alguna manipulación, y que ese conocimiento debe trasmitirse en Nochebuena al iniciado.

Yo mantuve mi negativa a recibir dicho "tratamiento" y la respuesta fue muy parecida a las tantas que recibiría, más tarde:

-Y bueno, si vos querés sufrir… -esto dicho en un tono de conmiseración con cierto aire de suficiencia del que está en posesión de la piedra Filosofal.

Para abreviar, diré que esta circunstancia se repitió con distintas variantes, algunas inesperadas. Ante mi comentario acerca de la enfermedad que padecía, la respuesta no se hacía esperar: "¿Te hiciste curar?", o "Yo conozco una persona que lo cura con tinta china", y yo, como digno heredero de mis antepasados de la ciudad de Victoria, en el país vasco, respondía: "No, gracias, no creo en eso", y Si me encontraba con animo me explayaba para explicar mi posición: "Vea, en el estado de los conocimientos a los que hemos llegado -decía yo- me parece que recurrir a esa medicina es retroceder en el camino de la evolución y aunque algunas culturas más primitivas aún existen en forma paralela y sus costumbres han aportado muchas enseñanzas, a mí me parece que sería un anacronismo".

Era inútil. No pude convencer a ninguno de los devotos del sistema que mas ronda con la magia que con la razón; porque si continuaba la conversación empezábamos a dar vueltas sin poder convencer a mis interlocutores de la lógica de mis razonamientos y, además, comenzaban a soltarme una batería de revelaciones de su sabiduría popular: el mal de ojo, la cura de las heridas agusanadas mediante rezos, "tirar del cuerito" para curar el empacho (en esta última yo decía que ese pellizco podría activar una zona nerviosa y era más creíble). En suma, la "cura" de la culebrilla iba develando todo un universo infernal -en el sentido de mundo subyacente- muy arraigado en la mayoría de las personas.

A veces, el ánimo se me caldeaba y ante la persistencia en imponer lo mágico o lo milagroso en el terreno racional, se me presentaban escenas del juicio de la película "Heredarás el viento". Alguna vez; llegué a relacionarlo con el accionar de las religiones. En otra ocasión comenté: "El resfrío y la gripe son causados por virus. Un dicho popular sostiene que yendo al médico, un resfrío se cura en una semana y, sin ir, en siete días; a propósito agregaba yo con bastante crueldad: "¿No sabes si el SIDA se cura con tinta china?".

Siempre quedaba mal después de esos episodios, así que me dije: "Tenés que aprovechar y escribir sobre estas vivencias".

Un médico llegó a decirme que "no perdía nada si me hacía curar, y yo le contesté que en mi infancia ya había sufrido este mal, aunque más atenuado, y a mi madre le habían dado varios métodos para curarlo: pasar un sapo sobre las vesículas o bien untarlas con excremento de gallina. El profesional se quedó un momento meditando y luego dijo: "Y, tal vez por el amoníaco que contiene"...

A una profesora de Bellas Artes que simpatiza con lo esotérico, le dije que no creía en supersticiones y me contestó que no se trataba de supersticiones, sino de conocimientos empíricos.

Una escritora estuvo más orientada. Me señaló que debía tomar vitamina B para fortalecer los nervios afectados, pero luego agregó:

-Además, tenés que hacer te cruces con aceite para que el virus no pueda respirar...

En mi discurrir interior suelo ir de lo particular a lo general y al repasar estos hechos relatados, no en forma puntual como los he dado aquí para crear un clima de humor, sino en su "corpus", tengo la impresión de que los taumaturgos y sacerdotes que lideraron antiguas culturas, sabían o intuían cómo captar la voluntad y la sumisión de su rey (sin considerar el dominio por la fuerza y la opresión). Se habían adelantado a Freud y Jung miles de años y apelaban a la ignorancia -que ellos mismos propiciaban- la credulidad o la ingenuidad de sus súbditos para consolidar su poderío .Hoy día, el ser. humano después de milenios devolución, aún conserva esa inclinación por lo mágico o lo milagroso.

Por eso, desde los líderes mundiales hasta los avispados de la política y los demagogos se les hace el campo orégano con promesas, ilusiones o utopías, que rinden más que la verdad.

Los cuentos de hadas y brujas aún siguen teniendo vigencia, aunque con distinto maquillaje.

La palma de las respuestas es para una vecina que trabaja en una casa de modas y va siempre muy bien compuesta. Es simpática y elusiva. Nos hemos visto pocas veces, siempre por causas circunstanciales. Un fin de semana la encontré en el supermercado, en la fila de las cajas. Le pregunté si tenía cómo volver a su casa, pues yo la podía llevar en mi coche. "!Dale!", contestó.

En el corto trayecto me dijo que hacía algún tiempo que no me veía y entonces (no se puede desperdiciar una oportunidad servida!) le comenté de mi dolor culebril. Como ya lo habrán supuesto, la contestación fue:

-¿Te hiciste curar?

Y ante mi explicación de porqué no lo hacía, respondió:

-¡Entonces, estás sufriendo por huevón!...

Ella fue la última persona con la que comenté mi enfermedad.

Después de lo que conté me he encerrado en mi casa hasta que la sierpe deje de reptar por mi cintura; escribo divagaciones como estas, les doy miguitas de pan a los pájaros y les cuento lo que me pasa.

Hasta ahora ninguno me preguntó "¿Te hiciste curar...?, pero debo aclarar que aún no ha venido ningún loro.